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Origen Familiar

Nació Miguel Mañara en Sevilla, el 3 de marzo de 1627, hijo de una destacada familia, constituida por oriundos de Córcega. Su padre, Tomás Mañara Leca y Colona, nació en Calvi, perteneciente a la Señoría de Génova, hacia 1574 en el seno de una familia noble aunque venida a menos. Su madre, Jerónima Anfriano Vicentelo, también de familia oriunda de Córcega, nació en Sevilla hacia 1590. Sus padres contrajeron matrimonio a finales de 1611 o principios de 1612 en la sevillana parroquia de San Bartolomé.

Infancia

La infancia de Miguel Mañara fue muy acomodada, propia de un niño que pertenece a una familia sevillana muy acaudalada, pues su padre llegó a desempeñar cargos como consiliario del consulado de Cargadores a Indias, familiar del Santo Oficio y hermano mayor de San Pedro Mártir, hermandad creada por miembros del Santo Oficio y que salía del convento dominico de San Pablo. Desde muy niño recibió una educación propia del estado de caballero, pues su progenitor había logrado para él el hábito de caballero de la Orden de Calatrava, cuando contaba ocho años, siendo investido tras cumplir los diez. No acudió a estudiar a lugar alguno, y que no aprendió latín, aunque su formación era sólida. en la casa paterna se contaba con un oratorio y con capellán y que sus padres tenían contacto con miembros del clero, especialmente de la Compañía de Jesús. Su madre, Doña Jerónima, tenía dos hermanas que habían profesado en el convento de Santa Clara.

Miguel de Mañara
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Muerte de su esposa

Al morir su esposa en Montejaque, el 17 de septiembre de 1661, sin haber tenido hijos, entró en un período de honda reflexión personal, planteándose incluso entrar en el estado religioso. Miguel Mañara se retiró, por espacio de cinco meses, al eremitorio carmelita del desierto de las Nieves. Nuestra Señora de las Nieves estaba dedicado a la contemplación pura. Los carmelitas descalzos denominaban desiertos a sus casas destinadas a tal fin, y en este caso se trataba de una fundación en un valle escondido en la serranía de Ronda, a dos leguas de Montejaque. Allí practicó Mañara la oración y la penitencia, y se produjo lo que se ha venido a llamar su conversión, es decir, orientar su vida hacia la entrega total a Jesucristo. No estando totalmente resuelto a entrar en religión y de vuelta a Sevilla, pasó varios meses en una completa desolación, intentando buscar un camino personal a seguir. Nada le consolaba y, a pesar de su posición y su riqueza, era un hombre sobre el que se cernía una abrumadora soledad.

Muerte

Murió Mañara el 9 de mayo de 1679, habiendo manifestado días antes su felicidad por saber que iba a ver a Dios. Su último testamento lo había redactado el 17 de marzo anterior. En este documento, declaró heredera universal de sus bienes a su alma y mandó ser enterrado en el suelo a la entrada de la iglesia de la Caridad.

Para los seguidores de la Regla en las diferentes Hermandades de la Santa Caridad que la adoptaron, Miguel Mañara era un santo. Fue declarado venerable y se encuentra en curso su causa de beatificación. Se le ha considerado por sus obras un adelantado a lo que después constituiría la doctrina social de la iglesia católica.

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